Yo fui a la huelga (Artículo de Luis García Montero) y respuesta “Luis García Montero hizo un 29-S opuesto al mío” E.Andradas

A continuación reproducimos dos artículos que tras la traición cometida por la cúpulas sindicales mayoriatarias que ha dejado que se  pierda derechos de las y los trabajadores que hoy algunos trabajan y otros están en paro y que algún día podrán jubilarse y si se pueden esperar unos años más y menos que cobrar… con estos artículos se demuestra la falta de realidad de cierta izquierda del sistema que aboga por lo que hay y demuestra que no es digna de llamarse como tal, no vive los problemas y desesperaciones del pueblo trabajador y así donde hay derrota ve… ¡HASTA VICTORIA! aún así más temprano que tarde pasarán por ellos la historia tomada por el pueblo como protagonista y dejará a cada cual en su sitio, ustedes mismos comparen intelectuales orgánicos del sistema y

gente digna como E. Andrada.

Yo fui a la huelga – Luis García Montero

El importante acuerdo social logrado por el Gobierno y los sindicatos merece que nos atrevamos a barajar la insatisfacción con la alegría. Como me dedico a escribir poemas, tarea que supone un metódico ejercicio de conciencia sobre la queja y los deseos, no me da miedo asumir el sentimiento de la contradicción.

Yo fui a la huelga el 29 de septiembre de 2010 para protestar ante la deriva de una democracia europea humillada por un capitalismo de cajas destempladas. Permítanme el juego de palabras porque la reforma de las cajas me parece el ejemplo más claro de la dirección tomada por un sistema que ha decidido liquidar cualquier apego al territorio (es decir, a la gente), acabar con la autoridad política y olvidarse de la cultura y las obras sociales. Cuando se expulsaba del ejército a un militar o cuando se conducía a un reo al cadalso, era costumbre destemplar las cajas de los tambores para hacer sonoro el desprecio. Los mercados financieros han conseguido imponer un tiempo de cajas destempladas, el Gobierno se humilló a su marcha y yo me puse en huelga convocado por los sindicatos. Como las políticas del Gobierno siguen desafinando y el acuerdo alcanzado supone una pérdida de derechos cívicos, no tengo más remedio que admitir mi frustración.

Pero debo explicar también mi alegría. Celebro que la huelga general en la que participé haya servido para algo. Quizá no me comprendan los revolucionarios de salón, o de bar, que apuestan siempre por el maximalismo. Muchos de ellos ni siquiera pensaron en ir a la huelga. La maldad de los sindicalistas y de los políticos no merecía perder una jornada de salario o asumir una pelea con el jefe. ¿Para qué combatir, si ya nos desahogamos con una buena indignación privada? Tampoco me van a entender los líderes del PP, más electoralistas que nunca en este proceso. ¿Para qué buscar un acuerdo, si podía haber otra huelga general, una ruptura social y un decretazo? Confieso que un motivo importante para recibir con alegría este acuerdo es que dificulta los deseos solapados del PP de forzar una reforma más dura si llega al poder. Lo que haga será responsabilidad descarnada de su propia ideología, no consecuencia de una incapacidad negociadora del Gobierno anterior y los sindicatos. En la clandestinidad, la izquierda debía cuidarse mucho de las provocaciones. Los aparatos represivos alentaban revueltas para justificar después la mano dura y facilitar la desarticulación del movimiento antifranquista. Confieso que he entendido como verdaderos actos de provocación las numerosas declaraciones de la derecha sobre las pensiones y los derechos laborales.

La lectura del acuerdo global sobre la Reforma del Sistema de Pensiones nos pone en contacto con una realidad minuciosa: casos de jubilación ordinaria, anticipada o en situación de crisis, incentivos para el retraso voluntario de jubilación, escalas de cálculos, trabajos tóxicos, insalubres o peligrosos, lagunas de cotización, realidad de los jóvenes, periodos de maternidad y comportamientos de las mutuas. Uno tiene la sensación de que las vidas cotidianas de miles de personas dependen de la forma de redactar cada línea. Esa es la responsabilidadde los sindicatos.

Celebro este acuerdo porque ha conseguido recortar los recortes. Celebro este acuerdo porque no es el que iba a imponer el Gobierno a cualquier precio. Celebro este acuerdo porque reivindica el trabajo político en una época que pretende consagrar la obediencia debida a los mercados. Y celebro este acuerdo porque permite defender la viabilidad de las pensiones públicas. Por ahora se evita o retrasa una desbandada general hacia los planes privados de pensiones. Recordemos que el dinero de estos planes es el preferido por los especuladores para liquidar con sus maniobras la soberanía democrática de los Estados. Por último, celebro que mi huelga general de septiembre haya servido para algo.

Esta celebración no olvida sus frustraciones. Como se acerca un proceso electoral, vuelven las consignas mediáticas del bipartidismo. La izquierda que más ha apoyado a los sindicatos es calificada despectivamente con la falsilla de “izquierda minoritaria”. En una famosa dedicatoria, Juan Ramón Jiménez dirigió sus poemas “a la inmensa minoría”. Pensemos todos si convertirnos ya en una inmensa minoría no será el mejor modo de empezar a replantearnos el futuro.

A Luis García Montero

Luis García Montero hizo un 29-S opuesto al mío.
E.Andradas

Imagen de la Huelga General de 1985, contra la reforma de las pensiones

A Luis García Montero le sentó mal, la almohada del sábado noche y despertó en su columna del Diario Publico, de José María Pemán del pensionazo, transfigurado en   un “Graveyard Poets”, en un noble neotérico de fin de semana.

Pensé que en este Domingo crudo de nube, los poetas   apuntarían a las aguas abajo del Nilo y pondría soga de verso al Ramsés III del FMI, Hosni Mubarak y les daría por los del Tercer estado y no por las mesas de negociación, mudada en   una trama de Pérez Solís, Guillénes Salayas y Ramones   Tamames de última hora.

Luis García Montero, yo también hice Huelga General el 29 de Septiembre, pero otra diferente a la tuya y en mi nomina de ese mes, me jacto de 40 euros menos, por cumplir con las proles. El sindicalismo cartista, se quedo en la mitad del siglo XIX, superado por la “Nueva Gaceta Renana”  y su posterior libro de El Capital.

Este PSOE mas de Consejo de Coronel Casado y Miguel Boyer, que de integridad de Pablo Iglesias y Antonio García Quejido, es el que está mandando al degolladero a los sindicatos, asentando reformas laborales, robos de euros públicos y entrega de ellos a la banca y dictados de Ángela Merkel.

La dirección de UGT es un apéndice del Ministerio de Trabajo de Valeriano Gómez,   difícil un motín de Esquilache en ella,   pero en CCOO con las bases libres y no adulteradas de Fidalgismo, se debería  poner a esa   organización nuevamente en un 20 de Junio de 1985.

Los Domingos los poetas, les da por el paseo abstraído o alargar el colchón a la siesta, a mi este día Egipto, me puso Pirámides y manos de pueblo en el corazón y un Al-Ándalus en las venas con el que busco a la poetisa   Andalusí Wallada bint al-Mustakfi y dirigir juntos poemas contra los déspotas gobernantes del Magreb.

Eduardo Andradas

Miembro del Colectivo de Poesía   – Cultura Indigente-

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