Un muro, dos muros, tres muros ….

Picos, palas, martillos, cinceles, mazas y hasta piedras utilizaron los berlineses, aquella noche histórica del 9 de noviembre de hace ahora veinte añosr para derribar el muro de Berlín
Santi Ortiz | Para Kaos en la Red |

Picos, palas, martillos, cinceles, mazas y hasta piedras utilizaron los berlineses, aquella noche histórica del 9 de noviembre de hace ahora veinte años, para derribar el muro que durante casi tres décadas había dividido el corazón de Berlín y Alemania.

También emplearon rabia…, mucha rabia.

Les seguirían después las grúas y excavadoras a fin de completar el ejercicio de demolición. Por fin, la misma sangre, tanto tiempo dividida, volvía a fluir como una sola para buscar en el abrazo aplazado y la lágrima contenida su lugar natural. El Este y el Oeste perdían la brújula y se entremezclaban jubilosos hartos ya de su condición de puntos cardinales. Un viento de libertad, destrabado de obstáculos, recorría como un escalofrío el espinazo del pueblo alemán, que no habría de olvidar tal madrugada ni celebrar, en muchos calendarios, una navidad tan feliz y fraterna como aquella próxima de 1989.muro israeli2

La caída del muro no fue un hecho aislado, sino una pieza más del derrumbe comunista en toda la Europa del Este. Entre los meses de agosto y diciembre de aquel año decisivo, Polonia, Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia y Rumania protagonizarían la avanzadilla de rupturas que daría como resultado el vertiginoso hundimiento de la que naciera dictadura del proletariado para ser enterrada como una gerontocracia infestada de cáncer burocrático.

Los agentes del aparato mediático occidental aprovecharon la coyuntura para abandonar su persistente y fructífera labor de zapa y bombardearnos sin tapujos con una letanía de trabajos periodísticos que cantaban la bancarrota del sistema socialista, la muerte de la ideología marxista y el fin de la URSS. Mañana, tarde, noche y madrugada, la caída de El Muro de la Vergüenza, del Telón de Acero, del Muro de la Infamia, se hacía presente en los medios de comunicación, que decretaban a voz en grito la defunción del comunismo, proclamando a bombo y platillo el Fin de la Historia previsto años antes por un funcionario del Departamento de Estado yanqui, llamado Fukuyama. Entre tanto, el bloque soviético se iba desmoronando como una vieja osamenta calcinada.

En medio de tanta algarabía, hubo omisiones notables. Los estereotipados clichés de la Guerra Fría parecían bastar para reducir la historia del muro al pueril argumento de una película de malos y buenos donde la libertad ponía los muertos y los comunistas las balas. Nadie dijo que, si bien fue levantado con mano de obra y materiales soviéticos, su construcción fue consecuencia del acoso de Occidente. Porque el muro no se alzó para evitar que los “sufridos” alemanes del Este escaparan de su país buscando la libertad que no tenían –de hecho, miles de trabajadores de Alemania Oriental habían estado, durante años, yendo a trabajar diariamente a Berlín Occidental para regresar cada noche a sus hogares sin la menor voluntad de huida–; el muro se levantó para impedir la entrada a los saboteadores, espías y terroristas que habían convertido en un infierno la vida en la Alemania comunista durante buena parte de los años cincuenta.

muro marroquiFinanciados y entrenados por la CIA y otros servicios de inteligencia de EE.UU., grupos de activistas partidarios de elevar la temperatura de la Guerra Fría incendiaron, dañaron y dinamitaron edificios públicos, centrales eléctricas, astilleros, canales, fábricas y cooperativas a fin de hacerles insoportable la vida a los habitantes de Alemania Oriental, debilitar a su gobierno y desprestigiar al comunismo.

Las continuas denuncias que, de estos atentados, presentaron Alemania del Este y la Unión Soviética ante las Naciones Unidas, pese a ir avaladas con todo lujo de detalles, cayeron una y otra vez en el mismo saco roto que hoy se traga las resoluciones contra el Estado de Israel o las reclamaciones de sanciones incumplidas por EE.UU. A los damnificados no les quedó más remedio, pues, que adoptar medidas unilaterales y el proyecto del muro comenzó a tomar forma en la mente de los gobernantes soviéticos.

Sus tapias se alzaron en el verano de 1961 para dividir familias, separar sentimientos y dejar a muchos trabajadores sin empleo… y a muchos empleos sin trabajadores, pues su construcción también repercutió económicamente en el Berlín Occidental que sufrió la pérdida de las decenas de miles de empleados cualificados provenientes del lado oriental.

Cerca de treinta años después, cuando el muro ya había desaparecido y las Repúblicas Federal y Democrática constituían un solo país, nadie habló tampoco de que la tan cacareada reunificación alemana fue un simple y burdo acto de anexión que obligó a 16 millones de alemanes del Este a olvidar su pasado para disolverse entre los 60 millones que componían entonces la Alemania occidental. No hubo una Alemania unida sobre la base del federalismo alemán, sino una República Federal ampliada. Tampoco nos dirán ahora, cuando los medios de comunicación occidentales pongan en marcha toda la pirotecnia de su aparato de propaganda para conmemorar el vigésimo aniversario de la caída del muro, que la realidad ha superado con creces las más pesimistas previsiones, y no sólo en cifras de desempleados, sino en un proceso de desposesión que ha dejado, aproximadamente, un noventa por ciento del suelo y la propiedad inmueble de la antigua República Democrática en poder de alemanes occidentales.

La vida de libertad y abundancia en bienes de consumo que se prometían los demoledores del muro tampoco frontera_muro_eeuuapareció por parte alguna. Del tremendo desengaño sufrido, ya se hizo eco hace una década el diario estadounidense USA Today al publicar que más de un 51% de la población de Alemania del Este reconocía haber sido más feliz con el comunismo. La amarga decepción, la toma de conciencia de que, si en algo habían acertado los comunistas, era en lo que les habían contado sobre el capitalismo, acabó levantando en la mente de los alemanes del Este un muro mucho mayor que aquel que derribaron: el muro del aislamiento y del desinterés por el chalaneo político en el Oeste.

Con el muro desapareció otro mucho más sólido e invisible, que la denominada prensa libre tuvo sumo cuidado en ocultar: el que servía de contención al imperialismo expansionista; un muro ideológico y disuasorio que frenaba la rapiña sin límites del capitalismo. Cuando el muro de Berlín se llevó con él a la Unión Soviética y convirtió en tigre de papel el Pacto de Varsovia, la OTAN extendió su campo de acción a la totalidad del globo, instaló sus misiles a las mismas puertas del salón de Rusia, volvió a llevar sus pájaros de muerte a los cielos de Europa para bombardear y desmembrar Yugoslavia, emprendió guerras de agresión que el idioma de la neolengua transformó en “preventivas”, mientras que las multinacionales se frotaban las manos pasando por encima de leyes y Estados, clavando en cualquier lugar la pica del dios Mercado y cantando el triunfo de la globalización capitalista. Paralelamente, los gurús del neoliberalismo se dedicaban a destruir o recortar con su piqueta de “modelo económico” las conquistas conseguidas por el movimiento obrero a lo largo de su dilatada historia.

Este mundo unipolar surgido con todas sus consecuencias a raíz del desplome del muro; dirigido desde la Casa Blanca y el Pentágono; crecido por el potente músculo armamentístico estadounidense; inoculado por la metástasis de la dictadura mediática a su servicio; consolidado por toda una galería de títeres situados en la mayoría de Estados Mayores y gobiernos afines; impuesto a los más débiles por los ajustes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; justificado por un potente aparato de propaganda que extiende su veneno y mentiras a los cinco continentes para conseguir hacer pasar por interés general el de la clase capitalista y lavar el cerebro de los ciudadanos hasta conseguir ese ser acrítico, uniforme, militante pasivo del pensamiento único, cuyo encefalograma plano revela el estado de consumidor imbécil que el Sistema desea; este mundo unipolar, repito, volviose insultantemente despótico, prepotente y fanfarrón bajo el mandato del niño Bush y sus compinches de la extrema derecha republicana. La provocadora ostentación de su poderío, su política unilateral de chulesco matón de taberna, acabó granjeándoles un clima tal de impopularidad –incluso entre sus mismos aliados– como no se recuerda otro en toda la corta y criminal historia de los EE.UU. Ahora, el pretendido éxito de su modelo aparece cada vez más difícil. El mundo, que ha logrado despojarse de nuevo de su apariencia unipolar, se percibe demasiado complejo, demasiado diverso, demasiado enrevesado, demasiado mundo, para ser dominado por un solo pendón.

muro en nicosiaLos que el próximo día 9 de noviembre aprovechen la celebración de la caída del muro berlinés para escupir sobre la tumba del comunismo y ofrecer sacrificios ante el altar del imperialismo capitalista; aquellos que pongan una almohada a su conciencia inflamando sus discursos con el eco rimbombante de palabras como “Libertad”, “Democracia” y “Derechos Humanos”, no dedicarán, sin embargo, el mínimo comentario a otro muros que siguen manchando de ignominia esos mismos términos que tan fatuamente abrillantan y usan.

Correrán un tupido velo sobre el muro de Cisjordania, que Israel sigue levantando con bloques de hormigón de siete metros de altura, jalonados de torretas con vigilancia armada, a lo largo de 721 kilómetros de territorio, con la pretensión de convertir Palestina en un archipiélago de islas nativas rodeadas por el mar monótonamente creciente de colonias israelíes. Es dieciséis veces más largo que el de Berlín, más alto y más injusto; su construcción está condenada por la ONU, es incompatible con las disposiciones pertinentes del Derecho Internacional y fue declarada ilegal por una resolución no vinculante de la Corte de Justicia Internacional, que instaba a su demolición allá por el 2004. Israel continúa su construcción como el que oye llover. Y nadie dice nada.muromelilla1

Un sudario de silencio cubrirá cualquier referencia al muro con que Estados Unidos sigue tapiando su frontera con México para impedir la entrada de inmigrantes ilegales. Toda la moderna tecnología que le asiste –incluye detectores de movimiento, iluminación de alta intensidad, sensores electrónicos y equipos de visión nocturna–, junto a la perenne vigilancia de furgonetas todo-terreno y helicópteros armados, ha conseguido matar más gente cada año que el muro de Berlín en toda su historia. Más de tres mil cruces, adheridas al muro por la parte del hambre, recuerdan a los desgraciados que dejaron la vida en el empeño. Hace quince años que se comenzó, pero nadie querrá aprovechar la efeméride para hacer recuento y exigir su desmantelamiento.

Más mudas aún que en los casos anteriores permanecerán las voces y las plumas respecto al muro de Marruecos en el Sahara Occidental. Lo componen 2720 kilómetros de arena fortificada, piedra, búnkers, alambradas y zanjas, custodiados por más de 165.000 soldados y protegidos por campos minados en los que se han “sembrado” más de siete millones de minas entre antipersonales y anticarros. ¿Intención?: dejar en manos de Marruecos los yacimientos de fosfatos, el banco pesquero, las reservas de hidrocarburos y demás riquezas del país, y a los saharauis un viento de tripas vacías y el desierto. No importará que se vayan a cumplir treinta años de su construcción, ni que su presencia simbolice otro hecho consumado de ocupación por la fuerza, ni que instancia internacional alguna haya reconocido o legitimado tal ocupación. El Reino de Marruecos, como el Estado de Israel cuentan con la complicidad de Washington, y eso, amigo Sancho, es como topar con la Iglesia.

…¡Ponerle muros al desierto!… Parece cosa de locos. Pero más descabellado aún es pretender ponerle barreras al hambre, aunque esta sea subsahariana y las levantemos nosotros a base de alambradas y cuchillas en Melilla y en Ceuta.

Quién sabe, a lo mejor un día celebraremos de verdad la caída de todos estos muros y, sobre todo, lo que con ellos se lleven por delante.

Santi Ortiz

Sanlúcar de Barrameda, 7 de noviembre de 2009

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